La Dieta del Genotipo ¿Mito o realidad?

por Natalia Tasso Lahr — en  ,  ,  ,  , 

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Existen diversas variantes de la dieta del Genotipo, también conocida como la dieta del grupo sanguíneo, que se basa en la idea que el grupo ABO es el factor más importante a la hora de escoger una dieta saludable. La más popular nació en 1997 con el libro “Eat Right For Your Type” de Peter J. D’Adamo quien ha vendido más de 7 millones de copias de su libro.

La teoría que sustenta esta dieta se basa en que metabolizamos ciertos nutrientes (las lectinas) en forma diferente dependiendo de nuestro grupo sanguíneo. Actualmente define 6 categorías: “cazador (grupo O), explorador (Rh -), profesor (A o AB), nómada (B o AB), recolector (O o B) y guerrero (A o AB)”.

A su vez, asume que cada una de estas categorías, definidas por el grupo sanguíneo, representan una etapa diferente en el desarrollo de la especie humana.

Por ejemplo, en teoría, el grupo O (cazador) es considerado el más antiguo y debe evitar el consumo de harinas, granos y leche, considerados como parte de la dieta de las etapas posteriores de la evolución. El grupo A corresponde a las sociedades agrarias donde debería predominar el consumo de vegetales. El grupo B debería consumir lácteos dado que se habría originado en las sociedades nómadas, y el grupo AB sería un intermedio entre las dietas A y B.

Ha sido un muy lucrativo negocio que se basa en la ignorancia, disfrazando con lenguaje pseudocientífico presunciones no fundamentadas e incluso falsas que llevan a conclusiones erróneas. En su evolución han incorporado elementos de la nutrición profesional para llevar a resultados satisfactorios lo que la ha “validado” frente al público.

El desarrollo evolutivo de los grupos sanguíneos se remonta a por lo menos 20 millones de años, lo que antecede por mucho a la aparición del humano moderno ya que los homo sapiens más antiguos se remontan a “sólo” 195.000 años atrás, por eso compartimos algunos de estos grupos con los monos (el grupo Rh se descubrió primero en monos Rhesus y luego en humanos).

Entonces, la idea de que el grupo sanguíneo puede relacionarse con el desarrollo de la civilización, y por lo tanto, del paso desde cazadores recolectores a la vida moderna, que ocurrió hace no más de 13.000 años, tiene alguna relación con la forma en que procesamos ciertos alimentos, es falsa. La base fundamental de la dieta del genotipo es un error.

Además de los errores en los fundamentos en que se basa esta dieta, existe consenso respecto a la falta de soporte científico de ella, luego que un estudio revisó todas las publicaciones disponibles hasta 2013.

Veamos en que consistió y que encontró la revisión:

  1. Se buscaron todas la publicaciones científicas que respondieran la siguiente pregunta: En humanos divididos según su grupo sanguíneo ¿La adherencia a una dieta específica mejoró la salud y/o disminuyó el riesgo de enfermedad comparado a la no adherencia a esa dieta?

  2. Sólo se encontró un artículo que intenta responder a esa pregunta.

  3. Ese estudio comparaba el nivel de colesterol LDL dividiendo por grupos sanguíneos MNS luego de una dieta baja en grasas. No relacionaba los grupos ABO con dietas.

  4. Por lo tanto no existen publicaciones que relacionen grupo ABO con tipos de dieta y sus beneficios. La dieta del genotipo carece de respaldo científico.

La falta de respaldo científico no es todo, hay evidencia reciente que contradice la dieta del genotipo. En 2014 se realizó un estudio en la Universidad de Toronto en el que:

  1. Se estudiaron 1455 personas. Se calculó el índice de adherencia relativa a cada uno de los tipos de dieta del grupo ABO. Se obtuvo el grupo sanguíneo de cada participante y se realizó un test estadístico de edad, sexo, etnicidad y consumo energético como covariables para analizar marcadores cardiometabólicos para cada grupo.

  2. La adherencia a la dieta tipo A (predominio de consumo de vegetales) se asoció a menor IMC, circunferencia de cintura, presión arterial, colesterol sérico, triglicéridos, insulina y HOMA.

  3. La adherencia a la dieta tipo AB (consumo de vegetales y lácteos) también se asoció a disminución de esos biomarcadores, excepto por el IMC y circunferencia de cintura.

  4. El adherir a la dieta tipo O (menor consumo de granos y harinas) se asoció con baja de triglicéridos.

  5. Al analizar estos resultados pareando con el grupo sanguíneo no se encontró cambio en la asociación dieta - mejora. Quienes hacían la dieta que realmente correspondía a su grupo no se beneficiaron más que los de otros grupos sanguíneos que hacían esa dieta.

En otras palabras, las dietas funcionan para mejorar esos parámetros sin importar el grupo sanguíneo de quien la siga.

En resumen, en nuestra opinión, a la luz de la evidencia disponible (y la falta de ella en otros puntos), no hay una razón por la cual la dieta del genotipo o grupo sanguíneo deba ser recomendada por profesionales de la nutrición. Es labor de los profesionales de la salud educarse para educar al público, que tiene el derecho a información e intervenciones nutricionales de calidad y respaldadas científicamente.

Por:

Nta. Natalia Tasso L. - Dr. Nicolás Vera Z.

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